Table Mountain y Lion’s Head: primeros sabores de Sudáfrica

 

La tragedia de Nepal nos ha pillado a miles de kilómetros, lejos del país que tanto amamos por todo lo que nos ha regalado, y lejos de casa también. Aunque sabedores de que de poco servirá, mandamos desde aquí toda nuestra solidaridad y un abrazo enorme a todos los afectados por el seísmo.

Cerrado el capítulo del Nanga Parbat, hemos cambiado el frío helador del invierno en Pakistán y la lluvia de Euskal Herria por un clima soleado y temperaturas más cálidas. Hemos cambiado de latitud, hemos cambiado de continente, hemos cambiado incluso de hemisferio: estamos en Sudáfrica.

Francamente, esto es un inmenso paraíso que espera con los brazos abiertos a todos los amantes del deporte, la naturaleza y la aventura. En términos políticos, Sudáfrica es un país recién nacido, pero cuenta, entre otros, con las formaciones rocosas (costa sur) y el desierto (extremo noroeste) más antiguo de la Tierra. Cinco ecosistemas diferentes, varias especies endémicas y bastas áreas de conservación conforman un tesoro inigualable; es fascinante levantar la mirada y no dar más que con hectáreas y hectáreas de superficie virgen. También maravilla su diversidad cultural: ¡Más de 11 lenguas oficiales! (entre las que dominan el inglés, el africaans, el zulu y el xhosa).

Devil's Peak, Table Mountain eta Lion's Head mendiek besarkatzen dute Cape Town

Devil’s Peak, Table Mountain eta Lion’s Head mendiek besarkatzen dute Cape Town

La primera parada nos lleva a Cape Town, principal ciudad del distrito WestCape, al suroeste del país. Las mansiones más lujosas situadas en primera línea de mar conviven aquí con urbanizaciones residenciales coquetas pero más sencillas, edificios de apartamentos modernos e interminables favelas miserables. Es muy probable que la brecha social heredada tras siglos de esclavitud, colonialismo británico y, más recientemente, años de Apartheid, sea especialmente evidente y palpable aquí, en una ciudad cada vez más dada al ocio y al descanso. No en vano, nos consta que en regiones más humildes de Sudáfrica, así como en los ambientes rurales o en los centros de negocios, la división entre la población blanca y la negra o “marrón” (así es como llaman aquí a los mestizos) no es tan aguda. Y es que ya no se trata tanto de una cuestión racial, sino de formas de vida separadas por razones de clase social. Se respetan, pero no se mezclan; simplemente porque no frecuentan los mismos lugares ni llevan niveles de vida parecidos. El choque y la violencia más explícita se vive ahora en el seno de las favelas, donde los sudafricanos arremeten contra los inmigrantes provenientes de otros países de África (sobre todo de Botswana, Zimbawe y Malawi) a los que acusan de robar puestos de trabajo; prácticamente a diario leemos en los periódicos alguna noticia en relación a estos altercados.

Doble ascensión al Table Mountain y al Lion’s Head

Tres picos custodian el área conocida como Cape Peninsula: se trata de Devil’s Peak, Lion’s Head y Table Mountain. De hecho, existe una carrera de trail running de unos 100 kms de longitud y 4.400 metros de desnivel que une estas tres montañas emblemáticas (Ultra Trail Cape Town). Es por eso por lo que tanta gente las frecuenta cualquier día de la semana y a cualquier hora. Pero parecen hacerlo más por culto al cuerpo que a la salud o al mero hecho de disfrutar de la naturaleza; cierta obsesión por la apariencia física  domina el ambiente en Cape Town.

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Nosotros, junto a nuestro amigo y anfitrión Adrian DeFay (ex jugador de rugby), hemos optado por la doble ascensión al Table Mountain (1.084m, considerada recientemente Maravilla Natural, también se puede ascender en teleférico) y al Lion’s Head (669 m). Es una subida amable que, apretando un poquito, nos ha hecho sudar. El regalo a la vista, desde ambas cumbres, es excepcional. Una buena manera de empezar a saborear Sudáfrica.

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La celda de Nelson Mandela

Otra visita ineludible para el que viaja a Cape Town es Robben Island y la celda en la que el ex presidente de Sudáfrica Nelson Mandela pasó 18 de los 27 años de presidio a los que fue condenado por su lucha contra el Apartheid. Varios barcos zarpan hacia allí a diario; son unos 40 minutos de navegación para llegar, visitar la isla y recorrer, de la mano de un ex preso político, la cárcel en la que tuvieron encerrado a Mandela. Muy recomendable.

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